De judíos, musulmanes y cristianos

El grupo de jóvenes se enviolentó con el joven judío y le recriminaron que rectificara su comentario, ya que insultaban así el nacimiento del hijo de su Dios, porque los judíos mataron a Jesucristo. El joven espetó que eran sus creencias y que nadie le haría cambiarlas.
Después de esto, puñetazos y patadas por doquier. Este singular marco de acción se convertía en una escena de falsa gallardía que no era más que cobardía: 4 contra uno.
Expectante y avergonzado se sintió un nuevo joven que estaba situado muy cerca de la brutal escena, era un fuerte joven musulmán. Sin pensarlo, saltó hacia los atacantes y logró calmar la situación. Levantó al joven Judío, lo puso en pie y confirmó que se encontraba bien aunque aturdido. Tras esto, el musulmán acompañó a la víctima a la comisaria, y denunciaron el hecho.
Tras encontrar a los culpables, y tomar declaración a esos "hijos de la cruzada cristiana", cinco minutos después ya estaban en la calle.
Patético, el Estado de derecho. En norteamérica se sustenta por una cruz, que los políticos y fuerzas de orden público, utilizan como espada que intenta desmenuzar en mil pedazos la estrella y la luna que con su luz amenazan gravemente su tranquilidad, y lo que es más grave, el resplandor de su propia particular espada.